Autitos sueltos
Un hombre a quien el señor K. no veía hacía mucho lo saludó con las siguientes palabras: ‘Usted no ha cambiado en nada’. ‘Oh’, dijo el señor K. y palideció.
Facebook (un clásico) me juntó con mis compañer@s del primario el año pasado. Estuvo bueno sentir que se conoce al otro, al menos por un momento en una noche, hablar como si no hubieran ocurrido varias metamorfosis en 30 años. Como si estuviéramos dotados de una esencia incambiable que con el tiempo sólo se complejizara un poco. Probablemente estar completamente equivocados (había indicios) y no tener nada que ver con nuestros recuerdos que ahora flotan como fragmentos, que orbitan como chatarra espacial sin necesidad de bajar a Tierra. El tinto estaba rico y el decorado de la sala eran juguetes retro. Nos acordamos de las carreras con autitos MatchBox por las rampas del colegio. Me torcí el tabique estrellándome contra una pared corriendo de bajada por una. Un golpe seco y mucha sangre chorreando por la nariz, me llevaron el baño de mujeres. Guido me contó que en algunos sueños de fiebre vuelve a esas rampas, a las pistas de goma negra. Cosas de hombres, nos obsesionábamos con nuestras competencias. Un par de amigos viajaban afuera y podían comprarse la valija de la colección completa con todos las autos de la temporada. Yo sólo tenía algunos sueltos. Es difícil aspirar a la diversidad y a la consistencia de una serie al mismo tiempo. No me justifico, alguna gente lo consigue. A mí me quedaron unos cuantos álbumes sin la figurita difícil.
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