El extraño caso del bambú japonés

Sábado 25 - Abril 2009

Realidades Alternativas | Darwin Awards | Buenos Aires | Harry Potter | Bambú Japonés | Los Pandas

Palermo Wok. Jueves 23 de abril. El expediente se podría llamar Realidades Alternativas. 11:05 PM. Mi vecino del cuarto piso decide salir al balcón a reflexionar con su pueblo sobre la actuación de River en la Copa Libertadores. Tiempo real. Me despiertan los gritos, maldito fútbol. Me había acostado temprano, estaba demolido. Algunos vecinos de otros edificios se enrolan. Les contestan desde la calle. No falta nadie. No sé cuánto demoran pero al final se callan, habrá terminado el partido, gracias por la magia. Viernes 24 de Abril. Me despierto en la oscuridad. Lo escucho como si estuviese dentro de la habitación. 04:23 AM. «Estoy cerca de una intersección», dice una voz de hombre en inglés. Una mujer le contesta en inglés por celular. El hombre dice muy fuerte: «estoy a 60 pies del suelo, ¿me bajo acá?». Un salto, un techo tiembla. S. se levanta y mira por el balcón. ¿Podés creer que hay un tipo caminando por los techos hablando por celular? Lo vi pasar por la cornisa de la casa de al lado. Puedo creer cualquier cosa. ¿Cuánto era un pie? Creo que 30cm, le digo. Vuelve a la cama. Ojalá se mate. Veo, visualizo, los Darwin Awards, todavía dudo si estoy despierto. S. se hace un ovillo y me quedo escuchando como el tipo sigue pidiendo instrucciones por celular mientras el retumbe de los saltos se aleja. Cierro los ojos. No. Vuelve. Ahora sí se va. Tuvo suerte, el agente Smith debe dormir a esta hora. En este lugar las reglas de la Matriz no pueden romperse, ni siquiera doblarse. Maldita noche. A la mañana entro a Clarín buscando algún titular. No encuentro nada.

Buenos Aires – Turista norteamericano cae de un techo. Se encuentra inconsciente en el Hospital Fernández / Juegos Reales: ¿te gustaría ser Neo? / Turista retirado por un Ingeniero: creí que era parte de una banda, lo vi en el techo hablando por celular, me gritó algo en inglés y disparé. Por reflejo le acerté en medio de los ojos. Recién cuando cayó en la terraza vi que era rubio.

La realidad parece obvia. Anoto. Al menos esa parte que nadie puede cambiar, la que nos limita a todos, en la que nos podemos poner de acuerdo. Un poco por prueba y error, un poco por compartir información y sabemos, por ejemplo, que nadie puede volar como Superman. El que salta del piso 20 lo sabe. O está alucinando. Pero cada vez hay menos ganas de negociar cualquier límite, qué queda para el de lo real. Nuestros mundos privados nos están absorbiendo y aunque compartimos el mismo espacio y los mismos eventos con los demás, uno pegado al otro, no reconocemos que estamos a un cancha de fútbol de distancia, a un campo seco o inundado, a un continente, un océano o una religión. Y furiosos, cada vez más. La señora que le grita llorando a la hija por el celular a mi lado en el colectivo. El taxista que me reta gesticulando porque lo dejé de escuchar en la parte de su discurso en que Harry Potter se había transformado en conspirador internacional y el payaso pelirrojo de McDonnald’s estaba por matar a mi hijo. Me pongo los auriculares. No es egoísmo, es amor.

No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante.

Uno de los comienzos del texto del bambú japonés (se clona en la red)

Hay otras realidades, son inmersivas pero más blandas. ¿Qué pasa cuando muchos se ponen de acuerdo y uno queda afuera? Las realidades alternativas están en gris mientras no podemos o queremos compartirlas, por momentos parecen alucinación, colectiva pero alucinación al fin. Retrocedo al martes 21. 05:30 PM. Escucho el relato del bambú japonés al cierre de un curso de capacitación. Es motivador, el bambú desde semilla tarda unos 7 años en hacer raíces sin que se vea nada de actividad sobre la superficie. De pronto emerge y crece, vertiginoso, crack, crack, se lo escucha crecer. Veo, visualizo, a los jardineros japoneses regando la tierra, regando la nada, pacientes. Y al turista occidental tratando de sacar fotos, yéndose frustrado. El jardinero sonríe por lo bajo. Algo me hace ruido al imaginarme los viveros de bambú haciendo stock por años. ¿No era una hierba? Si pregunto arruino la magia de la comunión en el aula.
Llego a casa y googlizo bambú japonés. 123 mil entradas. Verifico las primeras 100 y todas repiten exactamente el mismo texto que me leyeron. Luego me salgo del castellano y encuentro las cientos de variedades de bambú. Es fascinante, tienen dos formas de reproducirse. Una es la sexuada que ocurre en períodos largos, pueden pasar 60 o 100 años y de pronto la población florece en masa. No se sabe cuándo y si es un reloj biológico, pero los bambúes se sincronizan, se ponen de acuerdo para generar kilos de semilla simultáneamente y después mueren. Y a empezar el ciclo de nuevo bajo la tierra. La otra es la más frecuente, durante los períodos largos se replican clonándose por los rizomas.
Algunas variedades son muy invasivas, casi como una plaga. Los bambúes brotan rapidísimo, simétricos y uniformes. Se multiplican todo el tiempo y hasta forman bosques como los de La Casa de las Dagas Voladoras. Los jardineros no siembran y esperan por años. Nada de paciencia oriental, se plantan brotes y rizomas.
Y los pandas, ¿qué hacen si sólo comen bambú? También tienen que sincronizarse para no morir de hambre. Cuando una variedad de bambúes se puso de acuerdo en extinguirse al mismo tiempo y mientras se está regenerando desde semilla haciendo su complejo sistema de raíces bajo la tierra, los pandas se tienen que alimentar de otra.
¿Y si no encuentran otra? Ahí sí, se mueren.

1 Comentario sobre “El extraño caso del bambú japonés”

  1. Lucas.- - 26 Abr 2009 4:07 pm

    Madame Bovary es él.

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