Felizonia
Oso Grizzly | Perro Salchicha | Paraísos Perdidos | Facebook | Final Del Arco Iris
Miro el folleto. Otra postal del Paraíso. Entre flores azules, la nena acaricia al oso grizzly como si fuera un peluche. Su mamá también, y sonríe. Por lo que veo todos sonríen bajo el sol. El chico de camisa a cuadros con la canasta de mimbre llena con manzanas rojas; el padre que alza a la hijita para que toque la melena del león. Y hasta el león. El pasto en la colina es muy verde, el lago un espejo. Picnic. Abro el folleto, me pregunta qué siento cuando contemplo esta imagen. Me siento más bobo. ¿El león qué come? ¿Manzanas? ¿Será feliz?
¿Es solo un sueño o una fantasía el creer que algún día existirán semejantes condiciones? Sigue el folleto.
Soy injusto, la fantasía no se discute. Es como preguntarle qué es a un nene que te muestra sus primeros garabatos. Se me escapó, dije garabato y pinché el globo del perro salchicha con un juicio de valor. El payaso me mira mal. Me da un sable curvo esta vez. ¿Para qué comparar utopías? Todos tenemos derecho a alguna. Al final, es más probable navegar por un río de chocolate bordeado por árboles de caramelo multicolor, que un sólo día de paz pase por el ojo de la cerradura de la realidad del mundo. Las utopías no dejan de ser historias. Nos contamos historias todo el tiempo, del pasado, del futuro. El árbol del conocimiento se alimenta de historias. Las historias nos hacen recordar, nos divierten, advierten, nos esperanzan. Algunas dan frutos.
Todos estamos a tiempo de tener una infancia feliz.
Las historias de paraísos perdidos se parecen entre sí. Mucha gente coincide en que antes era mejor. Les preguntás: ¿antes de qué? Antes, no sé. Están los mitos de volver a lo natural, del bebé que nace sabio y lo olvida cuando crece. Tarzán, salvaje y puro, por qué no. Como cualquier historia que merezca ser recordada, los paraísos perdidos tienen un giro dramático que lo cambió todo. Algún pecado original, un éxodo, una corrupción.
Es natural, a medida que se envejece el ayer se vuelve más brillante, más sensual, más dulce, más espontáneo. Somos capaces de reconstruir el pasado dejando sólo las mejores fotos. Como Facebook. Álbumes dorados. Incluso atesorando fotos de cosas que nunca existieron.
El pasado es territorio seguro, a solas podemos recordarlo como querramos. Más explicable. Si nos lo proponemos, podemos encontrar causas para fundamentar todo lo que hicimos. Por eso desconfío de los paraísos perdidos, me suenan a miedo al cambio y en medio del agua. ¿Para qué nos movimos si estábamos tan bien? Volvamos atrás.
Hacia adelante el futuro es incierto y depende en buena medida de lo que hagamos. De las historias que nos contemos para hacer botes y remarlos.
Si fantaseamos de menos podemos quedarnos quietos mirando la línea fija del horizonte, mientras las olas van y vienen, contándonos historias de monstruos marinos hasta el atardecer. Feos bichos, mejor quedarse en la costa. Pero si fantaseamos de más podemos perdernos. Una cosa es creer que al final del arco iris hay un pote con oro y otra muy distinta confundir los sueños con la realidad, cargar el auto, llenar el tanque en la estación de servicio de la esquina y salir quemando gomas a buscarlo. Y atropellar a un duende.
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3 Comentarios sobre “Felizonia”
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Me gustó mucho el contraste entre paraísos perdidos y felicidades habituales dela niñez. No cro que todas las infancias fueron felices. La mia no,pero creo que se puede cambiar la sensación dejando nuestra fantasía y capacidad de creación personal que corra sin límites haacia adelante e invente su propia historia y la convierta en ealidad, poniendo -si tiene- su proiia fantasía y creatividad. Si no tiene está jodido
Nunca es demasiado tarde para tener una niñez feliz. Pero la segunda depende de tí y de nadie más.
marta,
amasua, y de Facebook, ya te encontrarán tus compañeritos de primario.