Un mito de Avatar

Domingo 10 - Enero 2010

Tu Primera Vez | La Realidad Inmersiva | Take Things From | Qué Hace Que El Mito Principal De Avatar Sea Popular | Mesías | Final Feliz

Avatar es una experiencia extraordinaria. Tal vez no exactamente por todos los ángulos desde donde se la pueda experimentar. La historia central para algunos no lo es, es más, se sintieron insultados por su simplicidad. Diantres Batman, el mundo está lleno de exigentes. Pero, ¿qué fue central en tu primera vez? ¿El in-out que todos conocen, más o menos, de las mismas maneras? O …
Avatar me hizo sentir esa mezcla de fascinación por un mundo nuevo, éxtasis y después melancolía por la pérdida de algo que no podés racionalizar por completo. Si tengo que comparar dentro de lo sensorial fabricado, sin orden ni justicia, diría: el atardecer de Tatooine, el viejo Ben activando el arma para tiempos más nobles, Pink Floyd con auriculares, el holograma de un tablero de ajedrez en laser rojo rubí, la grabación de la voz del Coronel Kurtz, Bowman trotando, Cirque Du Soleil en el IMAX, los primeros 15′ de Matrix.
La iniciación es también una forma de muerte. Nada será igual, James Cameron finalmente rompió la membrana entre cine de animación y cine con actores reales y efectos especiales. La noche bioiluminada y las montañas superconductoras flotantes se sienten reales. La primera realidad inmersiva visual. Supongo que con un break even también extraordinario de 500 millones de dólares, no habrá habido lugar para elecciones heroicas de argumento como las de Miyazaki o valientes como las de Pixar: tenía que ser 100% popular. Y esa es la tierra de los mitos.

It’s not where you take things from – it’s where you take them to.
Jean-Luc Godard

Un mito es una historia dada por hecho dentro de otra historia más grande. Funciona como un troyano al revés: primero te comprás lo malo de aceptar algunos regalos grandes, los soldados de elite escondidos que van a arrasar tu ciudad (y tu jardín primitivo), y después no te importa la historia más grande, si vienen de contrabando en un caballo de madera gigante, en jarrones de aceite como en Las Mil y Una Noches o en un Halcón Milenario. Como que cada vez que hago zapping y me encuentro con Rocky o El Padrino, no puedo dejar de verlas.
Así que viene mi otra fascinación: ¿qué hace que el mito principal de Avatar sea popular? No hablo del mito de la Naturaleza Sabia, que es una forma de Dios, con fines inescrutables y medios tan incomprensibles como los exterminios masivos (hasta de especies) por terremotos, sequías, inundaciones, glaciaciones, erupciones, huracanes, tsunamis, pestes y plagas. (Uf, el humano egocéntrico.) Tampoco de Gaia y un mundo completamente orgánico e interconectado. (Aunque me estoy dejando crecer una trenza.) Tampoco del mito del Pequeño que voltea al Invencible aprovechando una debilidad invisible para su soberbia, una puerta lateral (chiquita como para pequeños), con una honda como David o atacando desde arriba montado sobre un Turok, o con una flecha en el talón de Aquiles o un par de misiles por los ductos de la Estrella de la Muerte, rope a dope en Zaire, goles en la lluvia torrencial o dobles volando por el aire en el fuego del último (último) dígito del tablero gigante del estadio. Tampoco el Buen Salvaje, Las Nobles Bestias, La Ciencia Racional ciega a la emoción humana, La Milicia Buena pero con Líderes Malos, el Ceniciento con un ADN como zapatito de cristal, ni siquiera la Bella de una Nobleza Confortable que mata a su platónico Padre (oops, sin querer) para amar sexualmente a La Bestia (que necesariamente no era tan bestia como aparentaba, vamos, hasta se casa seguro y se lleva bien con la suegra). ¿Entonces cuál?

Hasta las más exaltadas vocaciones intelectuales ofrecen la opción seductora de una perezosa línea mental de ensamblaje. Que no se apodere de nosotros.
La paradoja de la sabiduría – Elkhonon Goldberg (una advertencia que doy tarde para los asimiladores incansables de lo nuevo a lo viejo).

El mito del Mesías, muy inscripto en el monomito del Héroe de las Mil Caras de Joseph Campbell, pero con acentos propios. Un héroe dentro de su mundo ordinario recibe una llamada extraordinaria, tal vez no responda instantáneamente, se puede hacer el distraído por un tiempo, hasta que le mandan las señales en un celular por FedEx, se convence para meterse en el mundo nuevo por algún motivo racional (utilidad, esas cosas), cruza la puerta y se termina sumergiendo de cabeza en lo extraño, sus valores cambian, lo orienta alguien (un maestro, un animal o generalmente, si es hombre, una mujer excepcional -Jung diría que su mamá-), tiene enemigos, boicoteadores, no importan, su fiel compañer@ lo ayuda a enfrentar y superar un conjunto de pruebas preparatorias, atraviesa su iniciación (una experiencia de muerte), vive, se transforma y vuelve con las manos llenas de sorpresas que cayeron de la piñata que rompió.
El Mesías muestra algunas particularidades. Tiene señales visibles de ser un Elegido, eso le abre camino, es un natural, lo suyo no es tanto producto del esfuerzo como de la predestinación, se nace así. Diría que tiene una afinidad genética con el mundo nuevo y el mundo se lo demuestra, dejándolo adentrarse más y más. Está condenado al éxito. Sobresale como el mejor en las pruebas preparatorias, validando lo que aparece intuitivamente como un derecho natural a ser el rey. Y cuando vuelve, lidera un ejército contra su mundo de origen. Traiciona pero, por amor, avisa primero dando una opción para evitar enfrentamientos.
Dave Brooks, en el New York Times, lo llama el complejo del Mesías Blanco. Lo veo más genérico. Nuestra cultura es muy amiga de visualizar los cambios como venidos de un Ovni. Nunca generados desde adentro, el Mesías es extranjero, no puede ser el vecino de al lado. Lo hace popular un profeta de otra tierra, cuanto más lejana, mejor. Y la revelación baja del cielo, a nivelarnos, hay que buscar señales encriptadas para saber cuando mover las cajas de un lugar a otro. Más vale alinearse a tiempo que terminar mendigando entradas para el arca bajo la lluvia.
En el mundo real es probable que este mito alimente figuras como las de Lawrence de Arabia, José de San Martín o el mismo Che Guevara (todos de formación intelectual o estratégica superior que reniegan de su cuna para liderar revoluciones libertadoras en pueblos menos avanzados). En el cine podemos rastrear Mesías en Duna (el que está dormido debe despertar), Robin Hood, Stitch (y Lilo), El Último Samurai (con el bobo de Tom Cruise explicándole la batalla de Termópilas al clan de samurais), Danza con Lobos (con un anti-héroe sensible y especial), Matrix (obvio) y por qué no en Harry Potter, un chico predestinado a la varita mágica como ninguno. Si escarbamos un poco, vamos a seguir encontrando ejemplos, porque al mito del Mesías se lo lleva en el corazón, no importa la historia por encima. Por eso funcionan todas.
Tal vez sea algo igual, cultural, lo que mueva a nuestra sociedad a buscar dictadores benignos nuevos, decididos, muy poco orgánicos, deslumbrantes, encontrando siempre, por desgracia, de la variedad maligna. El cine tiene la posibilidad de imaginar un final feliz para sus historias.

El Plan PetForce

Domingo 15 - Noviembre 2009

Tostada | Inteligencia Superior | El Tren | Valenzetti | Tesoro Perdido | 100% | Perfecto | Nube

Está en nuestro ADN buscar formas significativas. La señora descubre la cara de Michael Jackson en la tostada y la subasta inmediatamente por eBay. El Rey del Pop parece sonreír desde el quemadito, es un mensaje: ya descansa en paz. La señora recibe ofertas entre veinte y algunos cientos de dólares. ¡Milagro! Los panes se multiplican en la red. Y a las formas las siguen las tramas (lógica pura). ¿La cara puede ser casual? ¿La señora quema pan lactal a medida?
Entre los tipos de historias que unen causas con efectos, las más populares en estos días son las conspiraciones. Tenemos desde los círculos extraterrestres en el maíz hasta los totems de libros de Dan Brown tamaño real del escritor. Las conspiraciones ofrecen un enigma con punchi al frente y el gancho de una inteligencia superior por atrás. Un cerebro genial, siempre motivado, que mastica variables complejas con la misma facilidad que sumerge la medialuna en el café con leche. Anticipa movidas con precisión de ajedrecista y altas dosis de sangre fría. Mozo, otra medialuna y la cuenta por favor. O son muchos señores y la trama tiene siglos y paciencia de araña. No importa si son los Iluminati, el enemigo global de turno de Bond, la Mafia o la CIA, no importa dónde ni cuando transcurre, el tema es el pronóstico a largo plazo. Y la seducción que presenta el poder, la voluntad indomable y el control mano dura para llevar un plan a la realidad (con la ayuda de ACME).

Estación de Tren. Chirrido por el altoparlante: “atención, atención: próximo tren en 10 minutos, repito 10 minutos”.
30 minutos más en la estación y llega el tren. Si luego el altoparlante avisa que el próximo tren llegará en 1 minuto, ¿de cuánto será la espera?

Si yo fuese un tipo conspirativo, diseñaría planes cortos, con pasos simples y claros en lugar de uno largo y complicado de seguir. Sin embargo el lado oscuro más fácil y rápido es. Las estimaciones más simples de los pasos de un plan suelen ser expresiones del tipo a*b*c*d … Donde jugando un poco con las variables se puede generar arbitrariamente cualquier valor. Otra cosa es que se cumpla. Por ejemplo: zombies_a_obtener=cantidad_de_virus * humanos_en_la_zona * impacto * sobrevivientes_a_disparos … Esta es la forma de ecuaciones como la de Drake (probabilidad de civilizaciones en la galaxia capaces de tener emisiones de radio detectables) pero también la de Valenzetti (LOST).
Estimando así, los genios conspirativos pueden desarrollar en secreto toda su imaginación en planes con pasos altamente acoplados. De algo tienen que vivir los héroes. Ejemplo: el entierro del milenario tesoro perdido. Supongamos que se dan 12 pistas para resolver el enigma y cada pista tiene 90% de probabilidad de ser resuelta (hay pistas falsas, la gente se equivoca, tiene poco tiempo y además están los asesinos respirando en la nuca de los protagonistas), la probabilidad de llegar al final es: 0,9 multiplicado por si mismo 12 veces, una por cada paso, que da aproximadamente 30%. Ahora, haciendo la misma cuenta con 80% de chances de resolver cada paso (nada mal todavía, 4 de 5), la probabilidad de alcanzar el final de la película se baja a un 7%. Si esa probabilidad fuese de lluvia, ni saldría con paraguas. Rara vez se lo ve a un genio del mal impactando posibles fallas a cada etapa. Con tantos pasos encadenados, si hace la cuenta, se queda de empleado bancario en lugar de robar el banco.
No es un trabajo fácil. Todavía peor que conspirar debe ser tener que elegir a los cómplices. Si un aspirante a conspirador traza un plan y luego se desvía en más del 100%, ¿sirven de algo sus planes? Si el error posible del 100% fuese en una medición, uno tendría razones para dudar de que lo medido siquiera exista. El mundo puede ser dominado o salvarse, da lo mismo.

En el Plan original íbamos por Perfecto, pero entonces salió G-Force … Y los cobayos nos parecieron geniales. Así que decidimos jugar con las letras que teníamos y las acomodamos un poco.

No tengo dudas: el único plan perfecto es el que se escribe para atrás. Hay que adaptarse y diseñar sobre la marcha. Las series para televisión muestran la conspiración moderna. Aunque hay una línea argumental, la trama es flexible y se va ajustando en cada capítulo. De a fragmentos. Los protagonistas más queridos mueren en accidentes, o desaparecen viajando al pasado o en un universo paralelo. El genio motivado, si todavía anda por ahí, va al frente en tiempo real, se enchastra, tiene varios planes B y sino improvisa alguno. A veces se sorprende con los giros à la Ben Linus tanto como los que estamos de este lado del monitor. El mundo contemporáneo se parece más a una nube que a un reloj, mejor reaccionar rápido y no obsesionarse tanto con el control. Y llevar paraguas.
O no. Tal vez exagero, el Coyote todavía tiene su lugar en YouTube y hasta alcanza al Correcaminos.


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