Las 5 etapas de los Sistemas

Sábado 03 - Octubre 2009

Desarrolladores, Criaturas y Usuarios | Emociones | Elisabeth Kübler Ross | Negación | Ira | Negociación | Depresión | Aceptación | Amor

Ya veo, ¿la S mayúscula te confunde? Entonces te cuento una historia primero. ¿Qué son los Sistemas? ¿De dónde vinieron? Bien, los Sistemas son Criaturas digitales (como un Pokemon) que habitan adentro de los dispositivos electrónicos, a través de los que se comunican con nosotros, los humanos, para hacer muchas, muchas cosas. En un Principio, cuando no existían las contraseñas y el café era El estimulante, el Desarrollador se encontraba solo y triste frente a un teclado por largos períodos y entonces decidió fabricar a la Criatura a su semejanza para que lo acompañara. (A su imagen no, debía ser cool). Ambos jugaban y reían, dame la patita, buscá el palito. Y en la habitación el tiempo no transcurría, no había plazos ni entregas. No puedo precisar cuánto duró este idilio pero sí cuando finalizó. Una noche el Desarrollador prendió la luz y vió su rostro reflejado en la pantalla. El reflejo era opaco pero también sonreía. Así nació el Usuario. Y pasaron los años, aparecieron las utilidades y se multiplicaron Desarrolladores, Criaturas y Usuarios, masivamente. Los Desarrolladores se estilizaron abandonando las pizzas y ganando oro pero, lo más importante, las Criaturas nunca fueron las mismas. Habían perdido su inocencia original acercándose cada vez más a los Usuarios. Tenían requisitos, misiones y hasta debían adorar, de tanto en tanto, a alguna Plataforma dorada …
¿Por dónde iba? Ah, sí, bla bla bla hasta que llegamos a nuestros días en los que las Ceremonias de Iniciación de las nuevas Criaturas son iterativas y semanales. Sin embargo cada Ceremonia, aunque ya rutinaria, continúa llenando el aire de las Salas de Reuniones con su diversidad de roles como especias. Y emociones . ¡Maldición, la Criatura no hace lo que debiera hacer! O lo hace pero no me gusta cómo. No toques, dejame que la reconfiguro yo. Ah, decía, tantas emociones y llego al punto.

Muchachos -dice el CEO-, lo probé personalmente y anda perfecto. Ahora sólo tenemos que convertirlo en multiusuario.

Elisabeth Kübler Ross dedicó gran parte de su vida a llevar consuelo y estudiar a personas con enfermedades terminales. En su libro On Death and Dying (1969) presentó 5 etapas emocionales por las que atravesamos al confrontar el dolor de una pérdida que se anticipa irreversible. Negación, Ira, Negociación, Depresión y finalmente Aceptación.
¡No seamos tan dramáticos! Vida o muerte, vamos, no es para tanto. Además, las Criaturas digitales son inmortales. Como todos sabemos, pueden atravesar numerosas reingenierías hasta llegar al Portal Místico. Y después de eso, todavía existen los backups.
Sacando el dramatismo entonces, el modelo Kübler Ross ganó mucho interés en las últimas décadas al generalizarse a otras situaciones de la vida en las que el sujeto recibe aviso de un cambio que cree lo va a afectar en forma sig-ni-fi-ca-ti-va-men-te negativa. Un telegrama de despido, un rompimiento de pareja por SMS, un mal examen de ingreso. Y por qué no, un informe de QA.

Pon indicadores estúpidos y la gente se comportará estúpidamente.
Eliyahu Goldratt

Algunos ejemplos. Negación. ¿Revisaste tu conexión? Porque a mí no me pasa. Algo debes estar haciendo mal. ¿Qué versión de browser estás usando? Apagá y prendé. Un tema de TCP-IP, seguro. Ira. ¡¡¡¿¿¿ Me tengo que hacer cargo de todo ???!!! Los requerimientos estaban mal y NADIE sabe NADA de lo que tiene que hacer o probar en ESTE LUGAR. ¿Ahora el framework es mi responsabilidad? Se terminó el café y nadie lo repuso y ¡lo pedí hace 6 meses! Y el aumento, ¿adonde $#@&* está? Negociación. Es posible que si nos comunicamos mejor, multiplicamos los servidores, la base de datos y algunos otros cambios menores que estaban planificados para la aplicación … Que podríamos adelantar al lunes a primera hora … Depresión. Esta mierda nunca va a andar.
Y la Aceptación. La fase final en la que, serenamente, el Desarrollador se reencuentra con su Criatura y vuelve a jugar como en los comienzos, cuando no había tanta gente alrededor haciendo ruido. La escucha, le acaricia las orejitas, le recorta los cuernitos con una motosierra. Y se pregunta por el Amor. Eso, ¡¡¡¿qué carajos se hizo del Amor en este mundo???!!!

Felizonia

Domingo 16 - Agosto 2009

Oso Grizzly | Perro Salchicha | Paraísos Perdidos | Facebook | Final Del Arco Iris

Miro el folleto. Otra postal del Paraíso. Entre flores azules, la nena acaricia al oso grizzly como si fuera un peluche. Su mamá también, y sonríe. Por lo que veo todos sonríen bajo el sol. El chico de camisa a cuadros con la canasta de mimbre llena con manzanas rojas; el padre que alza a la hijita para que toque la melena del león. Y hasta el león. El pasto en la colina es muy verde, el lago un espejo. Picnic. Abro el folleto, me pregunta qué siento cuando contemplo esta imagen. Me siento más bobo. ¿El león qué come? ¿Manzanas? ¿Será feliz?

¿Es solo un sueño o una fantasía el creer que algún día existirán semejantes condiciones? Sigue el folleto.

Soy injusto, la fantasía no se discute. Es como preguntarle qué es a un nene que te muestra sus primeros garabatos. Se me escapó, dije garabato y pinché el globo del perro salchicha con un juicio de valor. El payaso me mira mal. Me da un sable curvo esta vez. ¿Para qué comparar utopías? Todos tenemos derecho a alguna. Al final, es más probable navegar por un río de chocolate bordeado por árboles de caramelo multicolor, que un sólo día de paz pase por el ojo de la cerradura de la realidad del mundo. Las utopías no dejan de ser historias. Nos contamos historias todo el tiempo, del pasado, del futuro. El árbol del conocimiento se alimenta de historias. Las historias nos hacen recordar, nos divierten, advierten, nos esperanzan. Algunas dan frutos.

Todos estamos a tiempo de tener una infancia feliz.

Las historias de paraísos perdidos se parecen entre sí. Mucha gente coincide en que antes era mejor. Les preguntás: ¿antes de qué? Antes, no sé. Están los mitos de volver a lo natural, del bebé que nace sabio y lo olvida cuando crece. Tarzán, salvaje y puro, por qué no. Como cualquier historia que merezca ser recordada, los paraísos perdidos tienen un giro dramático que lo cambió todo. Algún pecado original, un éxodo, una corrupción.
Es natural, a medida que se envejece el ayer se vuelve más brillante, más sensual, más dulce, más espontáneo. Somos capaces de reconstruir el pasado dejando sólo las mejores fotos. Como Facebook. Álbumes dorados. Incluso atesorando fotos de cosas que nunca existieron.
El pasado es territorio seguro, a solas podemos recordarlo como querramos. Más explicable. Si nos lo proponemos, podemos encontrar causas para fundamentar todo lo que hicimos. Por eso desconfío de los paraísos perdidos, me suenan a miedo al cambio y en medio del agua. ¿Para qué nos movimos si estábamos tan bien? Volvamos atrás.
Hacia adelante el futuro es incierto y depende en buena medida de lo que hagamos. De las historias que nos contemos para hacer botes y remarlos.
Si fantaseamos de menos podemos quedarnos quietos mirando la línea fija del horizonte, mientras las olas van y vienen, contándonos historias de monstruos marinos hasta el atardecer. Feos bichos, mejor quedarse en la costa. Pero si fantaseamos de más podemos perdernos. Una cosa es creer que al final del arco iris hay un pote con oro y otra muy distinta confundir los sueños con la realidad, cargar el auto, llenar el tanque en la estación de servicio de la esquina y salir quemando gomas a buscarlo. Y atropellar a un duende.


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