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Solomon Shereshevskii | Sinestesia | HORMIGÓN | sugestiones | una piedra negra y elipsoidal
Olvidar es una manera de frenar el rebote del pensamiento, las asociaciones que se vuelven disparadores. Es dopar un poco a las gallinas mentales que andan escarbando y picoteando recuerdos por ahí arriba. Olvidar lo irrelevante es bajar el ruido neuronal, las neuronas pueden llegar a ponerse cluecas. ¿Pero qué es lo irrelevante?
Leía sobre el caso de Solomon Shereshevskii, un periodista ruso que se hizo famoso a mediados de 1920 por ser capaz de memorizar un discurso completo con sólo oírlo, palabra por palabra. Y por no poder olvidar.
Después de estudiar su caso por años, Alexander Luria (neuropsicólogo) encontró que Shereshevskii tenía una inteligencia media pero un alto grado de sinestesia: lo que le entraba por un sentido disparaba percepciones en otros, fundiéndose todas dentro de la misma experiencia. Estas asociaciones eran la fuente de su capacidad mnemónica natural y perfecta. Shereshevskii asociaba números con imágenes de personas, entonces al evocar las imágenes podía recordar los números. El 87, por ejemplo, podía ser una mujer gorda y un hombre enroscando la punta de su bigote. El problema era que las asociaciones eran tan fuertes que no podía olvidarlas por años y con el tiempo sólo aumentaron su confusión. Llegó a escribir palabras en papeles que después quemaba para intentar olvidar, buscando asociar recuerdos a cenizas.
Hay personas que escuchan HORMIGÓN y piensan en CEMENTO, y después estamos nosotros.
Sin llegar a sinestesia (creo), mi capacidad para razonar se basa en las imágenes que asocio con las cosas, en un lenguaje simbólico que construyo naturalmente, que inaugura y conecta caminos por los que puedo volver sin esfuerzo, inmersivamente, por años. Un lenguaje como el de mis sueños, que son tan vívidos como la realidad, sólo que sin olor, aroma, perfumes.
Mi problema es que al principio piensan que soy creativo y se ríen, pero después de unos años piensan que soy idiota (pero simpático (creo)) por andar hablando en mi lenguaje mental dentro de la realidad, intentando crear sugestiones. También por renombrar hasta a los saleros e inventarles historias de vida, doblar películas y animales en tiempo real y citar fuentes inexistentes para fundamentar mis grandes pensamientos cotidianos. Tal vez sea por esto mismo que escribo ficciones, para sugestionar a las mentes inexpertas, un truco jedi.
Una vez soñé que tenía una piedra negra y elipsoidal en mi mano derecha, parecida a un canto rodado pero más brillante. Tomé conciencia dentro del sueño y decidí traerla a la realidad con todas mis fuerzas. Me desperté con la mano agarrotada sobre el plexo, cerrada sobre la forma de algo que ya no estaba.
- ¿Sabías que la memoria instantánea es lo segundo que se pierde con la edad?
- ¿Y que sería lo primero? - me preguntó.
- No recuerdo.


