Simpatía por la anarquía
Aleatorio| El Día En Que Dejé De Usar Reloj| Big Bang| Normalización En La Gastronomía popular| Anarquía
Hace. Miro. Repite. Recuerdo. Repite. Aprendo. ¿Volverá a hacerlo? En lo regular podemos ponernos de acuerdo. ¿Qué pasaría si no? Si el mundo fuese completamente aleatorio. Si una mañana saliese a la avenida y, en vez de autos, caminaran elefantes blancos por el pavimento. Si en un instante la gente montara gusanos gigantes en lugar de colectivos y en otro, a continuación, dirigibles. O desaparecieran todos y sólo quedasen las palomas gordas y extremas sin nada que esquivar. Si la mujer del vestido blanco que parte su taco en la vereda, en lugar de caer sobre las baldosas mojadas, se transformara en gaviota o en martillo o en margarita y luego en mujer de nuevo antes de tocar el piso. No sería vida. Sin embargo soñamos con que somos impredecibles.
- ¿Vamos a hacer el amor? -preguntó ella.
- Si. ¿Por?
- Porque te sacaste el reloj.Mis Memorias. Capítulo 58 : El día en que dejé de usar reloj.
Imagino el despertar de la humanidad en el momento preciso en que una mona (hipótesis personal sobre el origen del matriarcado) preguntó retóricamente al grupo : «Escuchen un momentito, ¿qué tal si en vez de levantarnos todas las mañanas y salir a juntar fruta, cada uno por su lado, salimos de una sola vez todos y juntamos para la semana? En el tiempo libre podríamos despiojarnos y aprovechar para darle al […]». Brillante.
Hay cosas que son regulares, si normalizo, las separo en grupos y las trato de la misma manera y en lote, optimizo. Más barato, más rápido, pero mucho más aburrido.
Desde ahí, de la oscuridad de la caverna primigenia, al análisis macroeconómico moderno, típico de cualquier almuerzo argentino al sol en La Parri, hay sólo un minúsculo paso evolutivo. (Midiéndolo en tiempos universales desde el Big Bang o del progreso humano efectivo, da igual de minúsculo.) Dr. Seek, clavándose una suprema napolitana con fritas, sentencia: «la globalidad provoca el fortalecimiento de lo local». Lo dejaría así si no fuese igual de cierto que todo club pequeño aspira a ser uno grande.
- Ale querida, no se entiende nada de tu cuenta en el papelito. Las filas de los platos están desparejas respecto a las de los precios y entonces no sabemos qué tiene que pagar cada uno.
- ¿Qué querés?¿Qué te dibuje las líneas con la birome también?
- Vienen unos talonarios impresos.
- Dale, regalame uno y lo uso.Mis Memorias. Capítulo 347 : Intentos de normalización en la gastronomía popular. Ale, pronto Alejandra camarera global.
Siento simpatía por los boliches como La Parri, donde todos conocen tu nombre y no hay dos milanesas iguales. Donde la cocina es como la de mi mamá y no voy a aclarar el cómo. La globalidad va por ellos para extinguirlos. Los recrea en Palermo Wok, en serie, simulando sus estilos bodegón pero con manteles de tela limpios, menúes impresos y precios altos a la vista. Imitando el óxido al detalle y esa decoración, tan típicamente nuestra para el turista, en la que pueden convivir sin interferencias una ristra de ajos con moño rojo, la caricatura del abuelo de alguien, un corazón y hasta un cuadro de un improbable Racing campeón.
Habría un enemigo identificable si no fuera porque los bolichones reales también aspiran a crecer, a llegar a la masa, a la abstracción, al gran número que oculte las caras individuales de sus clientes detrás de una facturación anónima. Aspiran a la optimización, al producto de matricería y al trabajo sistematizado con componentes humanos intercambiables. Barato. Rápido. Pasteurizado. No puede frenarse. La Parri últimamente hace menúes del día y hasta uniformizó las mesas con sus sillas en un lujoso plástico negro. A dónde vamos a llegar.
Resistiremos por la diversidad, por conservar ese olor intenso a especias que suele flotar en medio de la anarquía. O el humo grueso que bien podría ser el de un choripan (sin rúcula).
2 Comentarios sobre “Simpatía por la anarquía”
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Vivan los bodegones que no son bodegones. Hace un par de años que vengo escuchando a gente que me dice: “vamos a comer a un bodegón que encontré que es buenísimo, te sirven con mantel de papel, te dan una panera y chau”.
Son los mismos que un tiempo antes me decían que tenía que ir a comer a un re lugar en Puerto Madero.
Estoy harto de ir a comer a lugares que cocinan peor que yo. Yo no soy ningún cheff pero algunas comidas me salen mejor que a esos que se la dan de restaurantes.
Yo calculo que la mona primigenia pensaría igual que yo.
Don Poe, ¡qué panera ni que ocho cuartos, lo importante es la percepción ! Vea, el otro día fuimos con mis viejos a un lugar de esos bodegón-clon decorado con tranqueras compradas en algún remate, discos de arado y faroles oxidados, sifones de 4 litros de vidrio verde y libros viejos por kilo apilados en estantes inalcanzables. Y se me da por mirar las fotos en blanco y negro colgadas en la pared, al lado de la mesa, y en lugar de una calle de pueblo del 1900, o de alguna finca, había 3 delgadas chicas con máscaras, desnudadas artísticamente, formando una H, en un simpático comienzo de ménage a trois típico de toda familia del campo. Very pintourescou. Lo dejo que me tomo el gusano gigante en la esquina.